El déficit del Inglés en el sistema educativo - Héctor Faya Rodríguez y Franco Bastida Figueroa

"Las prioridades establecidas en la Estrategia Nacional de Inglés, presentada el 11 de Julio de 2017 y que busca que México sea bilingüe en 20 años, parece más un anuncio con tintes políticos de corto plazo que un proyecto realista, sostienen los autores al analizar la cruda realidad que prevalece en nuestro país con respecto a la enseñanza y el aprendizaje del idioma inglés.


Es el año 2030. La automatización ha llevado al declive un tercio de todos los empleos en México. Ximena de 15 años de edad vive en un estado del país que era pujante gracias al Tratado de Libre Comercio y a su cercanía con otros centros de desarrollo.  Pero ahora el desempeño económico del de origen  de Ximena se ha visto mermado. "Ya no es lo que era antes", oye decir a sus padres.

A pesar de incrementar el porcentaje del presupuesto nacional designado a la educación la falta de visión, compromiso y eficacia en la gestión pública que ha impedido que haya maestros preparados en la preparatoria pública donde estudia. 

Ahora las chambas, que implican habilidades de inglés de alto nivel para poder comprender las tendencias globales, desenvolverse en entornos multiculturales y trabajar en las compañías  en vigor de la Cuarta Revolución Industrial, se van a otros países que sí definieron a tiempo políticas de formación pertinentes. Las oportunidades que quedan son bajas en salario porque no requieren habilidades específicas, y son muy peleadas.

A Ximena, aún siendo talentosa y motivada, no le tocó en la prepa algún maestro preparado para enseñar inglés, así que se debe conformar con el que tiene. Le llama la atención la mecánica y la computación, y le gusta ver videos de robots inteligentes, pero ese mundo le quedó lejano. Sus aspiraciones quedarán más en la ficción de sus deseos que en el mundo de lo posible. Podrá no saberlo, pero México le ha fallado. ¿Cómo es posible que hayamos perdido esta oportunidad?


El premortem de la enseñanza del inglés en México

El ejercicio anterior, llamado análisis premortem, no es descabellado. Ha sido usado en la psicología para prevenir problemas y mejorar la toma de decisiones. Richard Thaler, padre de la economía del comportamiento y premio Noble de economía en 2017, escribe en un artículo del libro Esta idea es brillante, que la aplicación de esta teoría funciona porque las fallas quedan al desnudo, reconociendo sesgos de manera abierta y fomentando la participación de los escépticos. Entre los principales retos que enfrenta el nuevo modelo educativo, el déficit de aprendizaje del idioma inglés revela la complicada historia de incapacidad para generar una visión a futuro como país. 

A pesar de que México es, junto con Costa Rica, uno de los primeros países en hacer la enseñanza del inglés obligatoria, comenzando ésta en nuestros planes de estudio desde 1926, los resultados son deplorables: Miguel Székely, del Centro de Estudios Educativos y Sociales, ha llegado a afirmar que más de la mitad de los maestros de inglés en México tienen un nivel inferior del que se esperaría de sus alumnos. Por eso no es sorpresa que, después de aplicar el Examen del Uso y Comprensión del idioma Inglés para Egresados de Secundaria (EUCIS) a una muestra de alumnos de primer grado de bachillerato, el resultado fue que 97% de ellos no poseía el conocimiento mínimo del idioma, pese a que la mayoría de ellos tenía buenas calificaciones. Brutal paradoja, que revela el privilegio, y no la oportunidad, que implica saber inglés en México.

En la problemática expuesta antes, los factores que ensombrecen el futuro de Ximena no son motivo de pesimismo; son producto de una política fallida específica en un sistema que se pasmó en medio de nuevas necesidades del campo laboral que no eran un secreto y otra combinación de factores previsibles. El sistema la preparó para fallar.

Y lo que seguimos sin aprender sobre el déficit del inglés lo replicamos en el diseño de políticas públicas. Las prioridades establecidas en la Estrategia Nacional de inglés, presentada el 11 de Julio de 2017, y que busca que México sea bilingüe en 20 años, parece más un anuncio con tintes políticos de corto plazo que un proyecto realista.

Primero, porque  nadie ha explicado de dónde vamos a sacar los 90,000 docentes de inglés que necesitamos para cumplir la meta; segundo, porque persisten las discrepancias entre la Secretaría de Educación Pública y las secretarías de educación estatales al momento de tomar decisiones y ejercer los recursos, entorpeciendo la implementación de las políticas y la aplicación de los incentivos, y tercero porque el ciclo de la política pública educativa en el país funciona a medias, debido a la falta de homologación de metodologías y estandarización de niveles mínimos de evaluación, lo que imposibilita hacer ajustes para un problema tan específico en un caso como el que nos ocupa.

Cuenta pendiente: replanteando y alineando las prioridades educativas.

Ante las elecciones que se avecinan, en este ambiente altamente politizado, millones de niñas y niños en nuestro país necesitan que llevemos a cabo una reflexión sensata sobre las prioridades educativas nacionales.

No sin razón el aclamado filósofo austriaco Ludwing Wittgenstein, cuya obsesión por la naturaleza del lenguaje lo llevó a explorar sus ilusiones y matices, solía decir: " Los límites de mi lenguaje son los límites mi mundo ". El inglés, en particular, no es otro idioma más: es una plataforma que funciona como Internet, al conectar personas, oportunidades y países en un mundo en que el capital más importante es el conocimiento.

Saber inglés es necesario para que a las personas les vaya mejor profesional y personalmente. Según un informe que recopila hallazgos en la materia de diálogo interamericano, publicado en 2017, el 68% de los ejecutivos de compañías internacionales alrededor del mundo, incluyendo algunas con oficinas en México, indicaron que es necesario que la fuerza laboral domine el inglés para considerar expandirse.

Para incorporar a los trabajadores y alas compañías mexicanas a su cadena de valor, esas compañías esperan un capital humano preparado y que brinde certezas a sus inversiones.

También, un mejor dominio del inglés puede significar una ventaja al momento de buscar un empleo o un ascenso. De acuerdo con un estudio de OCCEduaction de 2016, la mitad de los profesionistas mexicanos ha perdido una oportunidad de trabajo por falta de conocimiento del inglés: aún así, el interés persiste, ya que nueve de cada 10 asegura que desea mejorar sus conocimientos en el idioma. De hecho, un estudio de Educational Testiing Service e Ipsos Public Affairs, realizado en 2017, reveló que 87% de los gerentes de recursos humanos de compañías multinacionales en 13 países - incluyendo tres naciones latinoamericanas: Brasil, Chile y México - afirmaron que el dominio del inglés es importante para sus empleados.

Dejando de lado su necesidad de lograr el avance profesional, el aprendizaje del inglés para los mexicanos también es un factor de desarrollo humano, con posibilidades de estimular la confianza lingüistica, cognitiva, académica y emocional de quien lo aprende. Ambas vertientes, aunadas a la posición geoestratégica y privilegiada de nuestro país en la región de América del Norte, entre los océanos Pacífico y Atlántico, deben instarnos a pensar diferente y aproximarnos al problema desde su dilema más fundamental: ¿por qué nuestra política educativa del inglés ha sido un desastre en cámara lenta?

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